
En México, el tema de los cuidados se ha fortalecido en los últimos años y hoy se tiene evidencia de varios de los fenómenos que ocurren a su alrededor. Uno de los rubros que debe considerarse cuando se trata de las personas que tienen a su cargo el cuidado de otros es su salud mental, en tanto hay un desgaste no solo físico, sino también emocional.
Recientemente, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer cifras en torno a la depresión y los cuidados. Según el INEGI, en 2022, cerca de cuatro millones de personas de 15 años o más que cuidaron a alguien de su entorno experimentaron sentimientos vinculados con la depresión. De esa población, 3.5 millones fueron mujeres.
El rango de edad más afectado fue el de los 60 años y más (24%), seguido por el grupo de 50 a 59 (17.7%) y, por último, el rango de 40 a 49 (12.7%).
Por su parte, el informe de Early Institute, editado en 2025, Cuidados para la primera infancia. Recomendaciones hacia la conformación del Sistema Nacional de Cuidados, confirma las afectaciones de las mujeres cuidadoras cuando no se tienen las condiciones necesarias para efectuar tal actividad con relación a la protección de niñas y niños.
“La sobrecarga de los trabajos de cuidado sobre las mujeres, la falta de recursos para satisfacer las necesidades de la niñez, las exigencias sociales sobre la responsabilidad femenina/materna y la falta de tiempo propio debido a las múltiples responsabilidades laborales y no laborales, tienen impactos negativos en la salud mental de las cuidadoras”.
Continúa el informe: “Las afectaciones a la salud mental y sobre el tiempo de las cuidadoras tienen repercusiones negativas en la calidad del cuidado infantil, con poca disposición para atender las necesidades emocionales y de cuidados de las hijas e hijos”, de ahí la necesidad por recibir ayuda lo más amplia y rápido posible.
En este sentido, el INEGI menciona que en 2022, en México, solo 891 mil personas mayores de 15 años que tuvieron a su cuidado a otra persona fueron a terapia para tratar “ansiedad, angustia, nervios y depresión”. Resalta que fueron los hombres (24.9%) quienes acudieron más a este servicio que las mujeres (22.1%).
Sin duda, este dato refleja que hace falta impulsar redes de apoyo a las mujeres cuidadoras, en tanto su estado emocional afecta en gran medida la calidad de asistencia que brindan a quienes tienen bajo su vigilancia.
Al respecto, el reporte Cuidados para la primera infancia señala que: “De acuerdo con González, Díaz Barreiro y Pérez (2021), los altos niveles de estrés pueden estar relacionados con crianza de menor calidad, así como una menor capacidad de respuesta o respuestas negativas hacia bebés, niños y niñas y menores probabilidades de aplicar métodos preventivos y prácticas de cuidado y seguridad infantil”.
En Early Institute sabemos que el bienestar personal es integral y que el descuido de una de las áreas fundamentales puede llegar a provocar un desequilibrio físico y emocional. En particular, cuando se trata de la seguridad de la primera infancia, es indispensable que sus principales protectores dispongan de apoyos para su labor.
De igual modo, la salud mental es un pilar en el desarrollo de niñas y niños y es responsabilidad de todos lograr que sus madres, padres y/o tutores reciban ayuda cuando su estado emocional se vea comprometido ante las exigencias derivadas de la atención familiar y crianza.
