el equilibrio que se rompió – El Financiero


La aparente estabilidad que Jalisco había sostenido durante el último año terminó abruptamente el domingo por la mañana.

La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, en un operativo, detonó una reacción inmediata del crimen organizado y expuso la fragilidad del control territorial en una de las regiones más estratégicas de México.

Las imágenes hablan por sí solas: vehículos incendiados, carreteras bloqueadas, ciudades paralizadas y población civil buscando refugio. No se trató de disturbios aislados, sino de una respuesta coordinada que transformó a Jalisco en un escenario de confrontación activa.

El momento del operativo parece haber sido calculado: domingo temprano, menor movilidad, menor exposición civil. Una decisión orientada a contener el costo humano inmediato. Sin embargo, la reacción criminal fue igual de calculada: caos simultáneo y demostración de capacidad operativa.

El impacto trascendió lo local. El Aeropuerto Internacional de Guadalajara —pieza clave en la conectividad del país y una de las sedes del Mundial 2026— quedó comprometido. La señal hacia el exterior es clara: la estabilidad en regiones estratégicas de México sigue dependiendo del equilibrio entre Estado y crimen organizado.

La caída del líder no implica el fin de la organización. Históricamente, estos eventos generan fragmentación, disputas internas y escaladas de violencia. El precedente de Sinaloa es contundente.

Jalisco entra ahora en una fase crítica. Lo que ocurra en las próximas semanas determinará si el Estado consolida el golpe o si se abre un nuevo ciclo de confrontación prolongada.

El riesgo ya no es únicamente de seguridad pública. Es reputacional, económico y geopolítico.

El primer gran termómetro será el Mundial 2026.

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