Cuando los mercados ignoran a Trump – El Financiero



Hay algo desconcertante en la conducta reciente de los mercados.

Mientras Donald Trump amenaza con convertir a Irán “en un infierno” y Teherán rechaza la propuesta de alto el fuego de 45 días y responde que solo acepta el fin permanente de la guerra, Wall Street cierra este lunes en verde: el S&P 500 subió 0.44% a 6,611 puntos; el Nasdaq ganó 0.54%, el Dow avanzó 165 puntos, el Brent cerró en 109.77 dólares por barril —apenas 0.68% arriba— y el índice VIX se mantuvo por debajo de 25. Todo ello mientras el conflicto entra en su sexta semana y el estrecho de Ormuz sigue cerrado de facto.

No es que los inversionistas sean inconscientes. Tampoco que no entiendan el tamaño del peligro. Lo que ocurre es diferente: han aprendido a desconfiar del dramatismo. Después de semanas de amenazas, ultimátums que se extienden y giros de última hora, una parte del mercado ha llegado a la conclusión de que no toda retórica incendiaria desemboca en una catástrofe de la misma dimensión.

Trump, en cierto modo, es víctima de su propio estilo. Cuando un líder amenaza demasiadas veces —y luego mueve la fecha límite— erosiona la capacidad de sus palabras para alterar por sí solas las expectativas. El mercado termina aplicándole un descuento a la retórica: la toma en cuenta, pero no la compra íntegra. Y solo corrige de verdad cuando aparecen los hechos.

De ahí la tesis que hoy domina entre los operadores: Trump habla para presionar, para tensar la negociación al máximo, pero no necesariamente para provocar una ruptura irreparable. El mercado no está comprando el escenario extremo. Está suponiendo que, aun si hay más fricción, el conflicto seguirá contenido dentro de ciertos límites.

Los números lo sugieren. Desde que estalló la guerra el 28 de febrero, el Brent acumula un alza de alrededor de 50%: severa, pero progresiva, muy distinta de la convulsión que acompaña a una crisis percibida como fuera de control. Y lo más revelador: el 23 de marzo, cuando Trump insinuó avances en las negociaciones, el crudo cayó de 114 a 102 dólares en una sola sesión. El mercado reacciona con fuerza a las señales de negociación, pero le resta peso al lenguaje bélico. Esa asimetría lo dice todo.

También pesa otro factor: los mercados solo terminan de creer en los choques cuando estos se convierten en daños efectivos y medibles. Mientras la amenaza esté en el terreno de lo posible, el ajuste suele ser parcial. Cuando se transforma en pérdida concreta de oferta o daño a infraestructura, los precios cambian de manera mucho más brusca.

Por eso, hasta ahora, la respuesta ha sido incompleta. Hay tensión, pero no pánico. Hay cautela, pero no capitulación.

Eso revela una mezcla de sangre fría y de complacencia. Sangre fría, porque sería absurdo reaccionar cada día como si el peor escenario ya hubiera ocurrido; los mercados viven de asignar probabilidades, no de rendirse a los titulares. Pero también complacencia, porque esa misma racionalidad puede convertirse en autoengaño cuando se subestima la posibilidad de que, esta vez sí, se cruce una línea sin retorno.

Y las líneas se acumulan: el ataque israelí al yacimiento de gas iraní de South Pars, el derribo de un F-15 estadounidense, la amenaza iraní de extender el bloqueo a Bab el-Mandeb al Mar Rojo. Ya no es solo retórica; son hechos que revelan decisiones tomadas.

Si hoy por la noche Trump cumple y ordena el ataque a plantas eléctricas y puentes, la reacción puede ser bastante más fuerte que todo lo observado hasta hoy. No porque nadie ignore el riesgo, sino porque demasiados lo están tratando como una contingencia de baja probabilidad. Y si esa contingencia se vuelve realidad, el ajuste sería abrupto.

La pregunta no es solo si Trump cumplirá sus amenazas. La pregunta es si, en caso de hacerlo, los mercados cuentan ya con un precio adecuado para ese riesgo. Y todo sugiere que no del todo.

Lo más llamativo no es la frialdad de los mercados, sino la naturaleza de su apuesta.

Están apostando a que el lenguaje de Trump volverá a ser más agresivo que sus hechos. Quizá acierten.

Pero, si se equivocan, descubrirán que no estaban mostrando serenidad, sino una peligrosa costumbre de convivir con el abismo como si fuera parte del paisaje.



Source link

Leave a Reply

Translate »
Share via
Copy link