
La tarde de toros del Domingo de Ramos en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla ha tenido muchas lecturas desde varios puntos de vista, y resulta interesante desmenuzar las emociones, por momentos desbordadas, pero siempre en el afán de sentir: desde orgullo por la tauromaquia, por la monarquía y por el simple hecho de estar ahí presentes en los tendidos de la bella plaza de toros andaluza.
Cartel de máxima categoría para tan especial fecha en el calendario litúrgico y taurino. Esta tarde ha marcado el inicio de una nueva etapa empresarial en La Maestranza: Lances de Futuro, con José María Garzón, ha comenzado con un lleno de “no hay billetes”, pasión en los tendidos y el gran compromiso de estar al frente de un calificado grupo humano para engrandecer aún más el prestigio de esta plaza.
Morante de la Puebla se ha convertido en un fenómeno social-taurino. Ha conseguido poner prácticamente a todos de acuerdo en cuanto al peso y valor de su amplia y profunda tauromaquia. Si bien vivió tiempos incluso de desprecio por algunos aficionados —lo cual solo evidenció miopía taurina—, hoy el Maestro goza con justicia del fervor de fieles seguidores que solemos estar más calmados ante lo que ya sabíamos, y de la desbordada euforia de quienes parecen pretender recuperar el tiempo; y lo mejor, de jóvenes que han descubierto en la tauromaquia y en Morante de la Puebla las emociones y pasiones que jamás encontrarán en un celular.
Categoría y taurinismo por parte de Andrés Roca Rey y David de Miranda al dejar a Morante pisar primero la arena en solitario para recibir la primera ovación de la tarde al ocupar su lugar antes del paseíllo. Un gesto de torería. Tras escuchar el himno hispano, partieron plaza. Se guardó un minuto de silencio por Rafael de Paula y por Ricardo Ortiz, matador de toros trágicamente muerto en los corrales de la plaza de toros de Málaga la semana pasada.
Un cielo azul precioso, clima perfecto, la presencia del rey emérito de España, don Juan Carlos, y su hija la infanta doña Elena, quienes se llevaron la primera ovación de la tarde a su llegada a sus localidades. Protocolo y orgullo nacional, pilares de cualquier nación que se digne de contar con bases sólidas de convivencia y progreso.
La primera parte de la corrida no funcionó: primero y tercero de Garcigrande fueron mansos para el olvido. El segundo, en manos de Roca Rey, le permitió lucir, y el fallo al primer intento con la espada pudo haberle costado una oreja.
Con el tercero, que se movió mejor sin ser un gran toro, Morante dibujó trazos de su inmenso arte, su genialidad y su gran valor. Se quedó inmóvil, con el capote abierto, ante un parón del toro: lo nunca visto. Impresionante su capacidad y serenidad.
Con el público desbordado por momentos, ya sin objetividad —lo cual es señalamiento, no crítica—, ya que considero que en los tiempos oscuros que vivimos en el mundo, aferrarnos a la pasión nos permite seguir adelante, Morante dibujó muletazos como solo él es capaz de trazar. Su empaque, cercanía, intensidad y poder son únicos. Se le nota en forma, entregado y dispuesto, y lo mejor del caso, disfrutando. Una faena buena, sin estar cerca de lo que este hombre es capaz; estoconazo de libro y la primera oreja concedida, lo cual, en mi opinión y dada la categoría de la Maestranza, era el premio correcto. El presidente otorgó una segunda ante la petición del fervor por parte de un sector del público.
La tauromaquia, y más la de Morante, no necesita triunfalismo. Esto puede hacer daño. Es tanto lo que hay que digerir y sentir con su toreo, que ensuciarlo con orejas no está acorde a la importancia de su existir. Pasión toda. Triunfalismo innecesario.
Andrés Roca Rey sigue demostrando por que es la maxima figura del toreo del momento. No era empresa sencilla ir a la Maestranza, en la vuelta de Morante, al lado de David de Miranda, ídolo en ciernes, en una tarde tan significativa. El hombre disfrutó la tarde. Sabe su lugar y, si bien en los tendidos no se mostraron los reventadores habituales, sí noté —desde el televisor, aclaro— que puede surgir una absurda indiferencia por parte de un sector del público que adopta la postura de que “solo Morante le llena”, lo que estoy seguro es un mea culpa de estos personajes postureros.
Pero, y siempre lo hay, la tauromaquia de Roca Rey es muy potente, es irrefutable. Además, esta temporada le veo con planteamientos de gran madurez torera. Al quinto, un encastado —el mejor del encierro—, toro no fácil, lo cuajó con el capote. Quien mejor estuvo con la capa fue el peruano, sin duda: lances limpios, siete verónicas y una media de locura ante cierta —solo cierta— indiferencia que fue diluyéndose ante la rotundidad de su toreo. Con la muleta, el inicio fue a favor del toro, confiándolo, entendiendo que esa casta podría acobardarse ante el poder inicial de su muleta. Cuando el toro se sintió dueño, ahí comenzó el toreo poderoso: de mano baja, trazo largo, sin perder pasos entre pase y pase, temple y remates por debajo de la pala del pitón. Toreo serio. Se rindieron los tendidos. Verdad y entrega, pasión por su Sevilla; ha vivido la mitad de su vida en esa mágica tierra y se le ve disfrutar a tope. Oreja tras estoconazo, petición —igual que a Morante—, denegado el segundo premio en evidente muestra de que tenía que ganar Sevilla.
David de Miranda es un muy buen torero, sin duda. Su lote fue infumable: un manso perdido y otro con genio. Arrimón de libro, entrega y conciencia de la importancia de la tarde. Estoconazo al sexto y oreja justa, acorde a la entrega del onubense.
Una tarde que marca la importancia de esta cultura. Los números de la televisión son contundentes: la gente quiere y gusta de los toros, en vivo o en la televisión. Lo que no está en la tele, no existe.
Será fascinante la temporada de Morante, lo mismo que la de Roca, quien ha cortado más orejas hasta ahora en la temporada y que está detrás solo de Talavante en el escalafón, con un festejo menos.
Se viene la Feria de Sevilla del 11 al 26 de abril. En México arranca Aguascalientes con una gran feria del 18 de abril al 10 de mayo, análisis que detallaremos la siguiente semana.
