
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, restó importancia a las declaraciones del gobernante cubano Miguel Díaz-Canel a la revista estadounidense Newsweek en las que habló de inmolaciones por la “revolución” y “pérdidas inmensas” en caso de una agresión militar a Cuba.
“No pienso mucho en lo que tiene que decir”, declaró a la prensa el jefe de la diplomacia estadounidense este martes tras su reunión con el primer ministro de Nueva Zelanda, Winston Peters.
En la entrevista, el designado de la dictadura cubana para ocupar la “presidencia” rechazó, en tono desafiante, las políticas de la Administración Trump.
En su intento por infundir temor no solo al pueblo cubano sino al de EEUU, el dirigente del régimen aseguró que una agresión militar a Cuba provocaría pérdidas inmensas para ambas naciones. “La pérdida de vidas y la destrucción material serían incalculables”, enfatizó.
Díaz-Canel, designado de la dictadura cubana para ocupar la “presidencia” del país, afirmó que están “preparados para dar la vida por la revolución” y que “no nos preocupa nuestra seguridad personal”. Defendió la vigencia de la doctrina militar de “Guerra de todo el Pueblo” y el papel rector del Partido Comunista.
Al hacer mención al acercamiento entre La Habana y Washington, mencionó que entre los temas estaría el rechazo a una posible incursión militar estadounidense en la Isla.
En este sentido, propone una relación de “buena vecindad” con Estados Unidos, en temas de Migración, Seguridad, Medio Ambiente, Ciencia e Innovación, Comercio, Educación, Cultura y Deportes. Nada relacionado con el “sistema político” o un cambio de régimen en Cuba.
El funcionario castrista también lanzó un guiño al sector privado de EEUU, el mismo que sufrió pérdidas millonarias en los ‘60 con las expropiaciones sin indemnizaciones. “También podríamos tener inversiones de empresas estadounidenses en Cuba y desarrollar el comercio entre ambos países”, dijo.
Al ser cuestionado sobre el futuro del país y la estabilidad del sistema, defendió el “carácter colegiado” de la dirigencia, donde, según él, es “imposible” hablar de traiciones o conversaciones paralelas.
El régimen cubano: una “amenaza inusual y extraordinaria”
A finales de enero pasado, mediante una orden ejecutiva el presidente Donald Trump declaró una emergencia nacional frente a la “amenaza inusual y extraordinaria” que supone el régimen cubano de Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel para la seguridad nacional de EEUU.
La Orden incluyó una medida en particular para “confrontar al régimen cubano”: un proceso para imponer aranceles a productos de países que venden o suministran de otro modo petróleo a Cuba, lo que dejó a la dictadura castrista con pocas opciones de abasto, que ya había perdido a su mayor proveedor tras la captura del dictador Nicolás Maduro el 3 de enero.
De acuerdo con la dirigencia cubana, al país no entró ni “una gota de combustible” por tres meses, hasta que a finales de marzo el buque ruso Anatoly Kolodkin atracó en Matanzas con 730 mil barriles de crudo, autorizado por la Administración Trump para “paliar la crisis”.
No obstante, la Casa Blanca a través de su portavoz Karoline Leavitt afirmó que la autorización no significaba un cambio de política hacia Cuba. “No hay un cambio firme en nuestra política de sanciones, y estas decisiones se tomarán caso por caso”, dijo al referirse a la entrada de petroleros a la Isla.
En declaraciones recientes, el presidente Donald Trump aseguró que Cuba sería “la próxima” y ha mencionado en más de una ocasión en los últimos días que se hará “cargo de Cuba”.
El secretario de Estado Marco Rubio también ha defendido las políticas de la Administración Trump para presionar a La Habana. Ha dicho que los dirigentes del país “no saben cómo hacer funcionar la economía” y que cualquier cambio económico también implicaría un “cambio político”.
