Menos juniors hoy, menos líderes mañana – El Financiero



Consultoras que hace tres años contrataban quince personas de nivel junior hoy planean tomar cuatro. Firmas de abogados con cien practicantes de verano ya hablan de quedarse con treinta (Harvard Business Review). Los empleos para los jóvenes en los campos más expuestos a la inteligencia artificial han caído un 13 por ciento. Parece eficiencia, pero si se eliminan estos puestos de novatos ¿en dónde se formarán los líderes del futuro?

Esas posiciones de inicio de carrera cumplían una función de capacitación, además de incentivar criterio, intuición y olfato profesional. El trabajo operativo de los primeros años es el terreno donde un joven se forma. El tema, es que la IA ejecuta esas tareas más rápido y barato.

La madurez en el juicio profesional es resultado de equivocaciones y de recibir retroalimentación. Según una investigación reciente, las personas sin experiencia en un campo, al tener acceso a la inteligencia artificial mejoraron en tareas de conceptualización, pero fracasaron en las de ejecución.

Se le llama “el muro de la IA”, porque esta herramienta acorta el camino hacia la competencia, solo cuando la persona ya posee la experiencia. Sin esa base, el profesional acepta resultados aparentemente buenos sin poder distinguirlos de los genuinos.

Hay algo más en juego cuando desaparece el primer escalón de la “relación formativa”. Cuando el joven interactúa con otros de mayor tiempo en la compañía, aprende a leer contextos, a calibrar su juicio, a recibir retroalimentación directa sobre decisiones reales.

El proceso de aprendizaje es profundamente relacional y surge en la convivencia cotidiana, en la observación cercana, en la conversación después del error. La inteligencia artificial transfiere información en segundos; sin embargo, la experiencia de ser observado, corregido y retado por alguien con camino recorrido requiere presencia humana. Si eliminamos ese espacio, ¿dónde ocurrirá la formación que ningún curso en línea sustituye?

Las empresas están celebrando el ahorro en nómina junior; pero, sin saberlo, están provocando una escasez futura de talento directivo. Dentro una década necesitarán gerentes y directores y descubrirán la interrupción causada por la misma decisión tan razonable de hoy. (¿o también desaparecerán los gerentes y directores?)

Quizá convenga detenerse un momento antes de festejar las cifras de eficiencia. La formación del criterio profesional es un proceso lento, relacional y profundamente humano, y prescindir de él trae consecuencias que tardarán años en hacerse visibles. Para cuando las notemos, la cantera ya estará vacía.

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