Economía Circular e Ingeniería de Procesos como Motor de Competitividad – El Financiero



Coordinador del Programa de Ingeniería en Biotecnología de la

Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

El progreso industrial del último siglo cumplió con creces su objetivo de abastecer a una sociedad en crecimiento; sin embargo, el modelo lineal tradicional ya topó con pared. Con un modelo energético global donde cerca de 75% de la producción aún depende de fuentes no renovables, los síntomas de agotamiento —estrés hídrico, crisis en cadenas de suministro agrícola y volatilidad climática— ya no son proyecciones a futuro; son costos operativos reales, que impactan hoy, los balances financieros de las empresas.

La mitigación pasiva ya no es suficiente. El verdadero punto de inflexión radica en la transición hacia una ingeniería de procesos basada en la economía circular. No se trata de un compromiso de responsabilidad social corporativa (RSC), sino de una redefinición de la eficiencia: transformar los pasivos ambientales (residuos y emisiones) en activos de innovación tecnológica y nuevos flujos de valor.

De desecho a activo: El mercado de la biotecnología aplicada

En México y los mercados globales, la ingeniería de procesos está demostrando que el crecimiento económico y la descarbonización pueden avanzar en paralelo. La viabilidad de esta transición descansa en cuatro pilares tecnológicos de sustitución y valorización:

  • Cierre de ciclos de recursos: Escalabilidad en el reciclaje avanzado de polímeros y sistemas de circuito cerrado para el tratamiento y reutilización de agua industrial.
  • Vectores energéticos limpios: Integración de infraestructura basada en biomasa y biohidrógeno para diversificar la matriz energética y reducir la dependencia de combustibles fósiles.
  • Biotecnología industrial: Aprovechamiento de sistemas bioquímicos y microorganismos para la manufactura de insumos de bajo impacto ambiental.
  • Materiales de nueva generación: Desarrollo e introducción al mercado de biomateriales degradables clave para el sector médico y de empaque, tales como:
    • Ácido poliláctico y polihidroxialcanoatos (bioplásticos avanzados).
    • Quitosano y alginatos para aplicaciones biomédicas e industriales.

El ecosistema mexicano: Infraestructura y capital humano

Para acelerar la adopción de estas tecnologías en México, se requiere transitar de esfuerzos aislados a una verdadera política de Estado. La articulación de una triple hélice —políticas públicas claras, certidumbre para la inversión industrial y centros de investigación de vanguardia— es el único camino para asegurar la resiliencia en la gestión de residuos y el fortalecimiento de una agricultura sustentable.

Frente a este escenario, el factor crítico no será únicamente la disponibilidad de capital o el avance del hardware tecnológico, sino el desarrollo de capital humano estratégico. Las universidades y centros de investigación están obligadas a asumir esta responsabilidad.

Desde la IBERO asumimos el urgente compromiso de liderar esta transición, formando ingenieros con un perfil analítico, visión de negocio y una profunda responsabilidad social. En las aulas y laboratorios de nuestra universidad, la ingeniería en biotecnología ya no es un área del futuro; es la herramienta del presente para convertir los riesgos ambientales en ventajas competitivas y desarrollo social.

El Dr. Alejandro Torres-Haro es Coordinador del Programa de Ingeniería en Biotecnología de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.



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