
La Seguridad del Estado detuvo el sábado, por varias horas, al opositor Manuel Cuesta Morúa con la intención expresa de advertirle que será ultimado si Estados Unidos invade Cuba.
Tras permanecer por varias horas apresado, Cuesta Morúa, presidente del Consejo para la Transición Democrática en Cuba, fue puesto en libertad. Hasta el momento de su excarcelación, se desconocía dónde estaba recluido.
El arresto ocurrió un día después de que el líder político denunciara en un video haber recibido una citación verbal de la Seguridad del Estado y anunciara en un primer momento que no acudiría por considerarla ilegal.
“Sábado, cerca de las 10 de la mañana, me llama un tal instructor Capitán Lázaro Roche, diciéndome que él era el instructor de mi caso y que debía presentarme en la estación de Zanja. Yo fui y cuando llegué apareció la Seguridad del Estado con otra patrulla de la policía y con una evidente violencia, totalmente innecesaria, me esposaron, me introdujeron en una patrulla y salieron a toda la velocidad posible. Ya desde ahí comenzó el maltrato físico”, relató a Martí Noticias.
El vehículo fue conducido por toda la carretera conocida popularmente como las ‘ocho vías’ hasta las inmediaciones de Artemisa, donde se desvió hacia la zona de Caimito. Fue allí, adentrados en la espesura de un matorral apartado, donde la pesadilla continuó y el agresor intensificó el maltrato físico y psicológico contra su víctima.
“Con la amenaza de que, si se producía alguna invasión acá en Cuba, de los Estados Unidos, iba a recibir un tiro en la cabeza, que ellos tenían la orden y estaban autorizados ya a hacerlo”, indicó Cuesta Morúa.
El testimonio revela una dinámica de secuestro y posterior abandono, en la que el activista fue subido nuevamente a un vehículo y dejado a la intemperie en la carretera, lo que se agrava por las condiciones actuales de la isla en la que la escasez de combustible ha colapsado el transporte público.
“Ahí estuve todas las horas posibles para que algún alma generosa me trajera al menos hasta La Habana, cosa que ocurrió seis o siete horas después”, dijo Cuesta Morúa.
“Me quitaron algunas cosas, mis tarjetas de presentación y el carnet de identidad, de modo que ando sin identificación ahora mismo. Me acusan de incitar a las manifestaciones y a los cacerolazos de la gente, en los últimos días. Esa es una acusación no formal”, precisó.
Las acciones de la policía política, en contubernio con la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) contra el opositor, califican como secuestro porque implican la privación ilegal y arbitraria de la libertad de movimiento de una persona mediante el uso de la fuerza o el engaño estatal, sin un debido proceso ni una orden judicial formal.
Asimismo, el traslado a un descampado para allí ser amenazado y el posterior abandono deliberado en una carretera remota y desolada se traduce en tortura física y psicológica al instrumentalizar la crisis de transporte y la escasez de combustible para infligir desgaste físico. A la vez, sume a la víctima en un estado absoluto de indefensión jurídica, desorientación y terror ante la amenaza constante de una acusación por motivos políticos.