La relación entre el ejercicio físico y la vida sexual masculina es mucho más profunda de lo que suele suponerse. Un hombre puede pasar meses entrenando en el gimnasio, mejorar su imagen frente al espejo y no experimentar ningún cambio en su intimidad si concentra sus esfuerzos en grupos musculares que no inciden directamente en la sexualidad.
Pensemos en el caso de un hombre de 42 años que lleva tres meses entrenando cuatro veces por semana. Dedica su tiempo a ejercicios como press de banca, curl de bíceps y, si tiene tiempo, alguna carrera en la caminadora. Su aspecto físico mejora, pero no observa cambios en su desempeño sexual. El inconveniente no radica en la falta de constancia, sino en el hecho de estar entrenando el cuerpo equivocado para el objetivo que busca.

La disfunción eréctil no es exclusiva de los hombres mayores. El Massachusetts Male Aging Study, citado por GQ México, identificó algún grado de disfunción eréctil en el 52% de los hombres entre 40 y 70 años, con una tendencia a aumentar con la edad.
El estudio resalta que, en la mayoría de los casos, la causa no proviene de aspectos psicológicos ni de los niveles de testosterona. El origen suele estar en las arterias, el peso y un suelo pélvico que pocos entrenan por simple desconocimiento.
Integrar ejercicio cardiovascular en la rutina puede ser un factor determinante para la vida sexual masculina. Un metaanálisis publicado en The Journal of Sexual Medicine, realizado por investigadores del Baylor College of Medicine junto con Boston Scientific y Miller Scientific, revisó 11 ensayos clínicos aleatorizados con más de 1.100 participantes.
La conclusión fue clara: tres sesiones semanales de 30 minutos de ejercicio aeróbico resultan suficientes para observar mejoras en la función eréctil comparables a las conseguidas con medicamentos como el viagra.

GQ México explica que el ejercicio aeróbico moderado o intenso incrementa la presencia de óxido nítrico en el pene, la molécula responsable de relajar el tejido eréctil y permitir que se llene de sangre. Este es el mismo principio que buscan los fármacos inhibidores de la PDE5, aunque caminar a paso rápido o pedalear no produce efectos secundarios ni requiere prescripción médica.
Los urólogos destacan que el beneficio del entrenamiento cardiovascular es aún mayor en quienes presentan problemas vasculares severos, como obesidad, hipertensión o síndrome metabólico. Para estos casos, el entrenamiento cardiovascular aporta más beneficios que el trabajo muscular enfocado en la estética. El objetivo pasa a ser la circulación sanguínea, no solo el aspecto físico.

Existe además un músculo clave que suele ser ignorado: el bulbocavernoso, situado entre el pene y el ano. Su función es bombear sangre durante la erección. Este grupo muscular se fortalece mediante los ejercicios de Kegel, tradicionalmente asociados al posparto femenino y poco presentes en las rutinas masculinas.
Un estudio publicado en BJU International siguió durante seis meses a hombres que practicaron estos ejercicios, y el resultado fue que un 40% logró resolver por completo la disfunción eréctil y otro 35% evidenció una mejora sustancial.
El entrenamiento del músculo bulbocavernoso no requiere gimnasio ni equipamiento especial. Se basa en identificar el músculo que se utiliza para interrumpir el chorro de orina y contraerlo en series de diez repeticiones, varias veces al día. Este ejercicio puede realizarse en cualquier lugar, pasando desapercibido.

El entrenamiento de fuerza sigue teniendo su función. Las pesas ayudan a controlar el peso corporal y la salud metabólica, factores de riesgo frecuentes en la literatura médica. Una menor cantidad de grasa visceral se asocia a un mejor perfil hormonal y a una menor presión sobre el sistema vascular, aspectos que influyen en la capacidad eréctil.

Los entrenadores personales que trabajan con hombres de entre 35 y 55 años ya están adaptando sus rutinas. Combinan fuerza funcional con bloques de cardio, dejando de lado los entrenamientos centrados solo en grupos musculares aislados para la apariencia.
La meta no se limita a aumentar la carga levantada. Consiste también en favorecer el flujo sanguíneo y, con ello, la función sexual.

Cabe destacar que la visita al médico sigue siendo fundamental cuando los problemas persisten. Sin embargo, antes de recurrir a tratamientos farmacológicos, surge una pregunta relevante: ¿cuándo fue la última vez que se entrenó una parte del cuerpo que no se refleja en el espejo?
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