El Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina declaró este jueves persona non grata a Mohsen Soltani Tehrani, encargado de Negocios de Irán y diplomático de mayor rango en el país, y le exigió abandonar el territorio nacional en un plazo de 48 horas.
Esta decisión representa la ruptura más significativa en las relaciones bilaterales entre Buenos Aires y Teherán en décadas. Se produce tras una escalada de tensiones entre la administración del presidente Javier Milei y la República Islámica de Irán.
El detonante inmediato fue un duro comunicado emitido por el Ministerio de Exteriores iraní en respuesta a la reciente designación del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI o IRGC) como organización terrorista.
Según fuentes diplomáticas argentinas, el texto contenía acusaciones consideradas “falsas e inadmisibles” y advertía sobre una supuesta “responsabilidad internacional” de Argentina.
En su comunicado, Irán calificó la medida argentina como “ilegal e infundada”, contraria al derecho internacional y a los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Además, advirtió que esta decisión “dañará seriamente las relaciones bilaterales” entre ambos países y responsabilizó al Gobierno argentino por los eventuales “efectos adversos” que pudiera generar.
Las tensiones escalaron fuertemente el pasado 31 de marzo, cuando el Gobierno de Javier Milei declaró oficialmente al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) como organización terrorista e incorporó al grupo al Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET).
Teherán respondió calificando la designación de “insulto imperdonable” e “ilegal”, tensando aún más una relación ya deteriorada por los atentados contra la Embajada de Israel en 1992 y la AMIA en 1994, cuyos responsables iraníes siguen impunes según la Justicia argentina.
En su comunicado oficial, la Cancillería argentina invocó el Artículo 9 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, que faculta al Estado receptor a declarar persona non grata a cualquier miembro de una misión diplomática sin necesidad de motivar la decisión.
