Desenmascaran cinismo del convoy internacional recibido por Díaz-Canel



Las redes sociales reflejaron la indignación de muchos cubanos por el fastuoso recibimiento al llamado “Convoy Nuestra América”, integrado por representantes de ONGs internacionales y partidos políticos alineados al régimen de La Habana.

Las reuniones, conferencias de prensa en establecimientos completamente iluminados y climatizados contrasta con el grave panorama de apagones masivos que vive la isla desde hace semanas, incluido un colapso nacional esta misma semana.

La activista Mayra Domínguez fustigó en sus redes sociales la agenda de este grupo recibido por la cúpula gobernante cubana. “Mientras casi todo el país está padeciendo de apagones por más de 20 horas, la izquierda europea es recibida con aire acondicionado y derroche de electricidad. Defender a una dictadura desde la comodidad es un insulto a la inteligencia de los cubanos”.

La iniciativa internacional de grupos de izquierda con activistas de unos 30 países, entre ellos Greta Thunberg, llegó a La Habana entre el 19 y 21 de marzo de 2026 con unas 20 toneladas de ayuda, entre medicinas, alimentos, paneles solares.

La investigadora de Amnistía Internacional, Johanna Cilano, describió: “Mucho dolor, soledad y frustración me genera todo lo relacionado con el convoy solidario a Cuba. Difícil separar la ayuda, muy necesaria hoy, del circo político tras este evento. Difícil pensar en preocupación genuina con tanta complicidad, frivolidad y abrazos con el opresor. Militantes de partidos opositores en el país del partido único. Periodistas en el país que mató al periodismo. Miembros de organizaciones en un país sin libertad de asociación. Activistas, youtubers, podcaster en el país que reprime sistemáticamente la libertad de expresión”.

“Por décadas, de manera silenciosa, cotidiana, anónima, la ayuda humanitaria ha llegado a Cuba. Organizaciones religiosas, emigrados, proyectos locales, cada cubano con una maleta o que ha llevado un paquetico o donado en una colecta 5 usd. Las remesas, los envíos de comida y medicinas a costos inimaginables. No solo sin reconocimiento, sino también muchas veces a pesar de descalificaciones, ninguneos, e incluso insultos. Cuando tanta gente buena ha pagado el precio de la invisibilidad para que los que más necesitan reciban algo. Cuando tantos han topado con obstáculos y descrédito en intentos de ayuda. Cuando se ha documentado la represión directa contra activistas y proyectos autónomos de asistencia social. Cuando todo eso ha pasado sistemáticamente es muy difícil leer las notas de prensa y ver la propaganda del régimen sin sentir mucho asco. La frivolidad de las imágenes que están llegando, la diversión y la fiesta con tanto dolor en esa isla destruida me parecen cuando menos deshumanizantes”, escribió Cilano.

La prensa oficial destaca los encuentros con el gobernante Miguel Díaz-Canel, la “diplomacia popular” y la llegada de ayuda como prueba de que “el mundo está con Cuba”.

“No valen un kilo ninguno de los que romantizan la miseria en #Cuba y se prestan a blanquear a la dictadura. #SOSCuba“, comentó el periodista cubano Alberto Arego.

Por su parte, la investigadora Rosa Marquetti, confesó su frustración por semejante despliegue en la profunda misera que vive la isla: “Estoy harta de la folklorización de nuestra miseria, de que los derrumbes, la gente escuálida, los basureros desbordados y la ciudad sin vida, sigan siendo la estética a la que apelan fotógrafos y modelos que llegan por 3 días a La Habana y ni se enteran de apagones ni faltas de agua. Estoy harta de que se mire a Cuba como el parque temático de la resistencia. Ni la nórdica tiene la menor idea de lo que es tener un anciano enfermo sin comida, electricidad, medicinas ni agua para asearlo, ni el político que vive en su chalet de Galapagar lo va a dejar para, tan siquiera por unos días, “vivir la experiencia de la resistencia antimperialista” en vivo, en directo y con todo el color de las carencias extremas. ¡No los quiero paseándose bajo los balcones apuntalados haciéndose los héroes! ¡No los quiero visitando escuelas y hospitales, adecentados para la ocasión! Nadie nos preguntó a los cubanos si queríamos inmolarnos para complacer a los izquierdosos nostálgicos, a las “gruppies” de guerrilleros nonagenarios, a los académicos soñadores, regalándoles el símbolo de una utopía desfasada en la que ninguno de ellos eligió ni quiso ni quiere vivir”.



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