Despertar en plena madrugada y no poder volver a dormir suele interpretarse como un problema moderno, pero diversos estudios y registros históricos indican que el sueño interrumpido fue un patrón habitual en la historia de la humanidad.
Investigaciones recientes, citadas por Harvard Medical School y especialistas en sueño, sugieren que esta forma de descanso, lejos de ser una anomalía, responde a causas biológicas y culturales que han acompañado al ser humano durante siglos.

Antes de la llegada de la luz eléctrica y los teléfonos inteligentes, muchas culturas documentaron el fenómeno del “sueño segmentado”. Según el historiador del sueño Roger Ekirch, quien recopiló más de 2.000 referencias en textos antiguos, la población solía dormir en dos fases: primero, tras la puesta del sol, y luego, tras un período de vigilia en mitad de la noche. Durante ese intervalo, las personas conversaban, atendían tareas domésticas e incluso visitaban a los vecinos, publicó el sitio Science alert. Esta rutina se mantuvo hasta que la Revolución Industrial y la luz artificial provocaron la unificación de los patrones de sueño.

La adopción de la electricidad alteró profundamente los ciclos de descanso. En una nota previa de Infobae, expertos de Harvard Medical School explican que la exposición a fuentes de luz artificial retrasó el horario de dormir, reduciendo el tiempo de sueño y cambiando la estructura de las fases nocturnas. Con el paso del tiempo, la expectativa social de dormir toda la noche sin interrupciones se convirtió en la norma, aunque los despertares nocturnos no desaparecieron.

La ciencia moderna del sueño describe que el descanso se organiza en ciclos de 90 a 110 minutos, que incluyen fases ligeras, profundas y REM (movimiento ocular rápido). La mayor parte del sueño profundo ocurre en la primera parte de la noche, mientras que hacia la madrugada predominan las fases ligeras, facilitando los despertares espontáneos.
Investigaciones recientes observaron que en ambientes sin relojes ni luz eléctrica, las personas tienden naturalmente a dormir en dos segmentos. Además, la hormona cortisol, responsable de activar el estado de alerta, incrementa su concentración antes del amanecer.
Un estudio publicado en 2025, basado en microdiálisis en tiempo real, demostró que el aumento del cortisol ocurre de manera constante, independientemente de que la persona esté dormida o despierta.

El fenómeno de despertar a mitad de la noche, especialmente alrededor de las 3 de la madrugada, se asocia tanto a factores biológicos como a hábitos de vida. Cambios en los niveles hormonales, el descenso de la glucosa sanguínea y el ritmo circadiano influyen en estos episodios. El cortisol y otras hormonas del estrés pueden elevarse si el cuerpo detecta un descenso de azúcar, lo que provoca la activación y, en ocasiones, el despertar total.
Harvard Medical School también atribuye estos despertares a condiciones como la transición a la menopausia, que afecta entre el 40 y el 60 por ciento de las mujeres, así como al consumo de cafeína, alcohol o cenas tempranas y ligeras.

El estilo de vida moderno incide directamente en la calidad del descanso. Harvard Medical School advierte que el consumo de alcohol en las horas previas a dormir, cenas copiosas o muy cercanas al horario de acostarse, siestas prolongadas durante la tarde y el exceso de cafeína dificultan tanto conciliar el sueño como mantenerlo sin interrupciones. Estos factores favorecen los despertares nocturnos y alteran el ciclo natural del descanso.
Diversos medicamentos pueden modificar la estructura del sueño. Según Harvard Medical School, ciertos antidepresivos, fármacos para la presión arterial alta, algunos remedios para el resfriado y corticosteroides pueden provocar microdespertares y dificultar el mantenimiento del sueño profundo. Ante la sospecha de que un tratamiento farmacológico afecta el sueño, los especialistas recomiendan consultar a un médico para evaluar alternativas.
La fragmentación del sueño puede estar relacionada con afecciones de salud. La ansiedad, la depresión y la apnea del sueño —caracterizada por ronquidos y pausas en la respiración— alteran los ciclos nocturnos. En hombres mayores, el agrandamiento benigno de la próstata incrementa la necesidad de orinar durante la noche. El dolor crónico y la neuropatía también repercuten en la capacidad de dormir de manera continua.
El envejecimiento modifica el ritmo circadiano, lo que puede adelantar la hora de dormir y aumentar la frecuencia de los despertares nocturnos. Harvard Medical School explica que estos cambios no siempre implican una mala calidad de descanso, pero sí requieren ajustes en las rutinas y expectativas de las personas mayores.

Dormir de forma interrumpida afecta la energía y la capacidad de concentración durante el día. Harvard Medical School advierte que la falta de sueño continuo incrementa el riesgo de obesidad, hipertensión y diabetes tipo 2. Además, los despertares repetidos pueden derivar en un círculo vicioso de preocupación, donde la ansiedad por no dormir intensifica la vigilia y perpetúa el insomnio.
Los especialistas recomiendan adoptar hábitos que favorezcan un descanso reparador. Harvard Medical School sugiere establecer horarios regulares para dormir y despertar, reducir el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse, mantener un ambiente oscuro y silencioso en la habitación y evitar cenas pesadas o consumo de cafeína durante la tarde.
Si al cabo de veinte minutos no se logra dormir, levantarse y realizar una actividad monótona puede ayudar a romper la asociación entre estar en la cama y la vigilia. Los expertos coinciden en que un horario de despertar constante regula mejor el reloj biológico que acostarse más temprano.

Cuando los ajustes de hábitos no resultan suficientes, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio se presenta como una de las opciones más eficaces. Esta intervención combina técnicas conversacionales, ejercicios de relajación y ajustes de rutina nocturna para restaurar el ritmo natural del sueño. Harvard Medical School subraya que este enfoque ha demostrado efectividad en casos de insomnio crónico.
La evidencia recopilada por Harvard Medical School y especialistas en sueño indica que despertar una o varias veces durante la noche puede formar parte de la fisiología humana, y no siempre constituye un trastorno. Identificar la causa predominante y ajustar los hábitos diarios es fundamental para preservar la calidad de vida y el bienestar general. La consulta profesional resulta clave ante la persistencia de síntomas, dado que un sueño reparador impacta positivamente en la salud física, mental y emocional.
