Entre pugnas y reacomodos – El Financiero



Los desencuentros en los más altos niveles de la jerarquía política mexicana son no sólo más copiosos sino elocuentes y emiten señales poderosas de que algo no va bien al interior de las estructuras del poder, por más que el discurso pretenda matizar lo que para muchos resulta evidente.

El liderazgo político, es bien sabido, se encuentra sujeto a presiones externas de diversa índole, particularmente por la compleja relación que la vecindad con el poderoso vecino del norte impone a nuestro país de manera ineludible, a las que hay que sumar las presiones internas derivadas del ambiente social catalizado por la creciente actividad criminal, la violencia y la incertidumbre.

El panorama se enrarece aún más cuando desde el corazón mismo de la cúpula política se producen acusaciones y señalamientos mutuos entre personajes con destacada influencia, que evidencian la fragilidad interna y la débil cohesión de los diferentes segmentos del poder, pero, lo más preocupante, cuando las acusaciones se refieren a graves actos de corrupción cometidos por prominentes funcionarios desde puestos clave al más alto nivel.

Las pugnas que se han hecho públicas al interior de la clase política y son cada vez más cotidianas, paulatinamente van permeando en la opinión pública, generando desconcierto e indignación ante los mensajes no escritos pero elocuentes que emiten los movimientos en el tablero político, aunados a declaraciones públicas y testimonios escritos, aunque no se tenga la pretensión ni de venganza ni de perdón.

La cohesión del movimiento regenerador está seriamente erosionada por la metralla generada desde las más encumbradas posiciones de su propia estructura, incluso fundacional, que hoy se vuelven contra sí mismas para confesar, quizás a manera de expiación, los pecados de otros, antiguos o presentes correligionarios.

La suspicacia sobre los reacomodos, percibidos en su momento como estrategia política, comienza a transformarse en evidencia del pleito interno entre facciones y personajes, como ya sucedió en el pasado con sus ancestros ideológicos y que condujo a su implosión y desmembramiento.

Las repercusiones de la que ya se percibe, por todas las aristas que toca, como una rebelión interna, son aún impredecibles, pero sin duda inmediatas, por el tenor de las acusaciones y la tesitura de los personajes mutuamente señalados.

Las decisiones que se tomen en el futuro desde la máxima tribuna, aún revestidas de sutileza, como en otros casos y la manera de conducir el control de daños, serán la demostración concreta de dónde se encuentra realmente el epicentro del poder en México.

No debe perderse de vista el factor externo, la atención permanente y la observación cercana que nuestro celoso vecino mantiene sobre lo que sucede en nuestra soberanía.



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