Fatiga y estrés en tiempos de la IA – El Financiero



La primera expectativa sobre la inteligencia artificial era sencilla y optimista, pues llegaba como una herramienta capaz de mejorar el trabajo y, sobre todo, de acelerarlo, permitiendo un uso óptimo del tiempo. En la práctica cotidiana, se ha convertido en una avalancha de cambios operativos en las empresas y hay muchos que se quejan de exceso de carga.

Diversos estudios señalan que la inteligencia artificial intensifica el trabajo. Harvard Business Review documenta cómo este instrumento eleva el ritmo laboral, amplía el número de tareas asumidas y alarga las jornadas, muchas veces sin una instrucción explícita por parte de la organización.

El acceso a múltiples plataformas abre posibilidades, pero introduce una nueva forma de exigencia. Cambiar de una interfaz a otra, evaluar respuestas, corregir, comparar y decidir, incorpora una carga cognitiva que suele pasar desapercibida, aunque se acumula con el tiempo. A la par, surge en los ejecutivos la percepción de quedarse atrás en la carrera por entender estas herramientas, como si el valor profesional comenzara a medirse por la velocidad de adopción.

Se consolida un nuevo estándar y el tiempo que antes aparecía como disponible se convierte en capacidad para asumir más tareas, mayor complejidad o plazos más cortos. La productividad crece, aunque la experiencia personal no siempre mejora. El beneficio tiende a reflejarse en indicadores organizacionales, mientras la exigencia recae en los trabajadores.

Cuando este recurso tecnológico ofrece respuestas inmediatas, bien estructuradas y aparentemente completas, aparece una dependencia paulatina que puede mermar la confianza en el propio juicio.

El desafío trasciende el aprendizaje técnico. Integrar a la IA con criterio exige rediseñar el trabajo, depurar actividades que han perdido valor, establecer reglas claras de uso y ajustar las métricas hacia la calidad y la sostenibilidad del ritmo laboral. También conviene recuperar áreas donde el juicio humano participe de manera activa.

Vale la pena hacer una pausa y observar la experiencia personal. Cuestionarnos si la herramienta abre espacio y amplía posibilidades de crecimiento, o bien incrementa la exigencia, el estrés y cierta sensación de insatisfacción.

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