A un año y medio de gobierno, la cuarta parte de su sexenio, la popularidad de la presidenta Claudia Sheinbaum ha pasado por cuatro etapas claramente marcadas en las encuestas.
La primera se observó durante los primeros tres meses, de octubre a diciembre de 2024, cuando los sondeos de opinión registraron una popularidad de 72 por ciento y un claro desacuerdo entre los grupos partidarios, quizás como reflejo todavía del proceso electoral de ese año.
Una segunda etapa comenzó en enero de 2025 y se extendió hasta abril, durante la llamada luna de miel de la presidenta ante la opinión pública nacional. Sus índices de aprobación rebasaron 80 por ciento, y contó con un amplio apoyo incluso de opositores.
Una tercera etapa se observó entre mayo y agosto, cuando la aprobación volvió a estar por debajo de 80 por ciento, pero aún con un amplio apoyo de opositores, además de los partidarios morenistas. La ligera tendencia a la baja provino principalmente de apartidistas.
Finalmente, una cuarta etapa parece haber iniciado en septiembre pasado, y las encuestas más recientes no hacen más que corroborarla: la creciente polarización partidista en el respaldo a la presidenta.
Entre septiembre y diciembre, la aprobación promedió 70 por ciento, un nivel alto, aunque el apoyo entre opositores y apartidistas comenzó a bajar marcadamente, con 38 y 54 por ciento de aprobación entre cada segmento, respectivamente.
En los primeros dos meses de 2026, la tendencia a la baja se detuvo, especialmente después del operativo en Jalisco, con el cual se registró un leve rebote en la aprobación. No obstante, el rebote agregado se dio principalmente entre morenistas, que pasaron de 88 a 92 por ciento de aprobación a la presidenta, mientras que entre opositores y apartidistas nuevamente hubo un deslizamiento a la baja, a 32 y 51 por ciento, respectivamente.
La brecha entre la aprobación de morenistas y la de opositores alcanza 60 puntos, la brecha más amplia registrada hasta ahora en lo que va del sexenio y un signo claro de polarización.

En los meses que vienen es probable que siga este patrón de polarización en los índices de aprobación presidencial.
Uno de los aspectos que podrían influir en la evolución de este indicador es el posible impacto de la guerra en Irán sobre los precios del petróleo y, consecuentemente, de las gasolinas. Ya la presidenta anunció un pacto con empresarios gasolineros para mantener un precio fijo.
También se viene el Mundial y una posible tregua política que podría generar el evento deportivo. Ya veremos.
Un elemento adicional son los programas sociales. Como ya se ha señalado en este espacio, las personas que reciben beneficios expresan un mayor nivel de aprobación hacia la presidenta que quienes no reciben. Las encuestas recientes muestran una creciente brecha también tomando en cuenta este factor.
La brecha en aprobación entre beneficiarios y no beneficiarios se amplió de 14 a 24 puntos entre el periodo post luna de miel y el inicio de 2026.
Como señalan las encuestas de EL FINANCIERO, los apoyos sociales son el aspecto mejor valorado de la actual administración. Ello no previene que los apoyos sean otro foco de la creciente polarización en el respaldo o rechazo a la presidenta, el patrón que ya está tomando forma.
