nadar contracorriente – El Financiero



¿Qué tan pronunciada resultó la llamada cuesta de enero ante el impacto de los ajustes en los precios de los tabacos y refrescos derivados de los incrementos al IEPS en el primer mes del año?

Antes de analizar los datos de inflación para enero publicados el lunes pasado por el INEGI, conviene traer a cuenta el comportamiento del consumo privado en la economía mexicana.

En noviembre de 2025, que es hasta donde se tiene información oficial disponible, el consumo privado en el mercado interior tuvo un revés de 0.5 por ciento mensual, después de repuntar 0.8 por ciento en octubre previo.

Según cifras del INEGI ajustadas por estacionalidad, fue el primer resultado mensual negativo del gasto en bienes y servicios desde mayo del mismo año.

En noviembre se llevó a cabo la edición anual del Buen Fin, la campaña de descuentos que en esta ocasión no anticipó un cierre de año más robusto para la actividad comercial.

En su comparación anual, el consumo privado creció 2.8 por ciento en noviembre, desacelerando desde octubre.

Además, con cifras originales, en el acumulado de 2025 hasta noviembre, el consumo en el mercado interno registró un crecimiento de sólo 0.6 por ciento contra un año antes.

Podría decirse que, en 11 de los 12 meses de 2025, el gasto en consumo privado mostró un virtual estancamiento.

La inflación permite determinar la magnitud y temporalidad de la cuesta de enero dado su impacto negativo en el poder adquisitivo.

El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), que mide el comportamiento de la inflación, experimentó en enero un incremento de 0.4 por ciento mensual, con redondeo de cifras, ligeramente por debajo de las expectativas de los analistas encuestados por Bloomberg.

Con esto, la inflación general fue de 3.8 por ciento anual, que si bien presentó una aceleración desde 3.7 por ciento en diciembre, ligó 7 meses consecutivos por debajo de 4 por ciento.

Lo negativo del reporte es que el componente subyacente, que excluye los precios más volátiles como los agropecuarios y energéticos y que determina la trayectoria de la inflación general a mediano plazo, registró en enero un incremento de 4.5 por ciento anual, su máximo desde marzo de 2024.

Además, se aceleró desde 4.3 por ciento en diciembre y, contrario al INPC, ligó 9 meses seguidos por arriba de 4 por ciento; esto es, fuera del rango objetivo del Banco de México, cuyo mandato único constitucional es justamente preservar el poder adquisitivo de la moneda nacional.

No está por demás recordar que la política monetaria del banco central tiene más incidencia sobre el componente subyacente que sobre el no subyacente, donde actúa muy poco.

Dicho lo anterior, se advierte que los ajustes fiscales vía IEPS en bebidas azucaradas y tabaco a partir de enero, ya tuvieron efecto sobre la inflación, no así la aplicación de aranceles a países con los cuales no existen acuerdos comerciales vigentes.

“Hasta el momento no tenemos ninguna señal que sugiera presiones en precios por los aranceles”, dijo la gobernadora del Banxico, Victoria Rodríguez, en entrevista con Enrique Quintana para El Financiero.

Al interior del componente subyacente, los precios de las mercancías avanzaron 4.6 por ciento anual, su mayor nivel desde diciembre de 2023, donde el incremento en los precios de alimentos procesados, bebidas y tabaco fue de 6.1 por ciento anual en el primer mes de 2026.

Los precios de los servicios aumentaron 4.5 por ciento contra enero de 2025, donde la educación (colegiaturas), con una inflación anual de 6.0 por ciento, sigue observando persistencia.

Por su parte, el índice de precios no subyacente desaceleró a 1.4 por ciento anual en enero desde 1.6 por ciento en diciembre.

A su interior, el subcomponente de productos agropecuarios se ubicó en 1.5 por ciento anual y el de energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, en 1.3 por ciento.

Del análisis de los datos se desprende que la relativa estabilidad de la inflación general está vinculada al componente no subyacente, que se encuentra en niveles extraordinariamente bajos.

El hecho es que nunca se ha observado una inflación no subyacente en niveles bajos como los actuales por un periodo prolongado.

No se trata de sobreponderar el riesgo de una posible reversión, pero tampoco de despreciar o, de plano, ignorar.



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