Pacientes de hemodiálisis en Cuba en riesgo por la paralización del transporte



La crisis sanitaria generalizada, acentuada por la inestabilidad del sistema eléctrico nacional, afectó severamente los servicios de hemodiálisis, obligando a suspender tratamientos, reubicar pacientes y limitar el transporte sanitario debido a apagones y escasez de combustible.

El pasado 6 de febrero el régimen anunció un plan de medidas restrictivas ante la crisis energética, que incluyen el sector salud. Aunque en su narrativa los dirigentes aseveraron que no se afectarían servicios esenciales, la realidad es otra, según pudo constatar Martí Noticias.

“El Ministerio de Salud Pública dijo que todo estaba asegurado y no es así. Los taxis que llevan a estos pacientes, no tienen combustible, están parados. Sin embargo, hay guaguas de algunos centros de trabajo que no son servicios priorizados, igual que los taxis de turismo, que están funcionando y los pacientes de hemodiálisis tienen que ir por sus medios. Lo que dice el gobierno es que no hay transporte hasta nuevo aviso, pero siguen vendiendo la gasolina en dólares. Siguen rodando los carros del gobierno, de los militares”, relató el doctor Abel Molina cuya esposa, la también doctora Elaine Hernández, tiene que ser sometida a hemodiálisis desde hace un año.

Las autoridades de Salud informaron, a través de los medios oficiales, que el ingreso de pacientes para hemodiálisis está garantizado.

“Eso es mentira, no hay suficientes insumos, ni personal sanitario. De hecho, hoy mismo yo tuve que pagar el transporte que me cobraron 2.000 pesos para allá y 2.000 pesos para acá y las hemodiálisis se hacen un día sí y un día no”, detalló el facultativo que viaja con su esposa desde La Lisa hasta el hospital militar Carlos J. Finlay del municipio Marianao, en La Habana.

El impacto de los cortes eléctricos, unido a la escasez de materiales sanitarios ha puesto en alto riesgo a cerca de 3.000 pacientes con insuficiencia renal crónica, de acuerdo a reportes de la prensa oficial.

La galena Luisa Ilizástegui, residente en Santiago de Cuba, señaló que los pacientes de hemodiálisis que han tenido que ser internados en centros hospitalarios se vuelven más vulnerables.

“Se sabe que los pacientes entre mayor tiempo se encuentran hospitalizados, tienen mayor riesgo de contraer infecciones y sin contar con el déficit de material de cura, que no hay gasa, no hay papel para esterilizar los instrumentos, etc.”, añadió la médica santiaguera.

El doctor Molina apuntó que a veces no hay “capilares que son los filtros que se le ponen al paciente, y el paciente no se limpia y la mayoría de todos los medicamentos e insumos hay que comprarlos por la calle. No hay hierro para ponerles, tienen problemas con las transfusiones de sangre porque no hay sangre”.

Otro escollo con el que tropiezan estos enfermos es la deficitaria alimentación de los hospitales, expresó la doctora Ilizástegui: “la alimentación es pésima. Tienen que depender mucho de sus familias que le lleven sus alimentos a los hospitales”.

“Mi esposa lleva un año en hemodiálisis. Le tienen que dar una dieta y nunca se la han dado. Tengo que comprarlo todo por ahí y el medicamento cuesta treinta mil o cuarenta mil pesos porque no hay medicamentos”, lamentó Molina.

El régimen insiste en que la precariedad en Cuba se debe al “bloqueo” y al endurecimiento de las medidas por la Administración de Donald Trump que afecta el acceso a piezas, insumos y combustible.

“Yo creo que la culpa es más interna porque hay muchas cosas que se pueden solucionar aquí adentro y no se solucionan por no querer, por no buscar la forma”, puntualizó, desde Holguín, otra paciente que pidió no ser identificada.

“Desde antes de la COVID, aquí no se están haciendo trasplantes porque no hay condiciones para hacerlos y, cuando se hacían, tampoco tuve acceso a eso porque se dedicaban a otras personas. No se hacían las cosas como debían de hacerse”, comentó en referencia a la existencia de favoritismo y soborno en el campo de la Salud.

La paciente holguinera, quien lleva diez años en tratamiento de hemodiálisis, precisa que, desde muchos años atrás “se viene padeciendo el problema de falta de insumos médicos, de medicamentos”.

Ya en diciembre del pasado año, las autoridades holguineras habían eliminado el transporte estatal para pacientes de hemodiálisis por la llamada “crisis energética”. Personas gravemente enfermas se ven obligadas a viajar hasta tres veces por semana pagando transporte privado a precios altísimos.

“Los pacientes que proceden de los municipios, están ingresados, pero allá arriba en la sala no hay condiciones. Les están dando sopa con un pedacito de picadillo, una sopa que es agua con tres fideos en el fondo, a pacientes que no orinan, que no pueden consumir mucho líquido, que necesitan una dieta específica. No la tienen porque el país, el hospital no tiene las condiciones ni la alimentación para esas personas”, destacó nuestra entrevistada.

“Decidieron ingresarlos, pero no tienen para alimentarlos adecuadamente. Ni siquiera la alimentación más básica y como no hay combustible, tampoco los familiares pueden ir a sus casas a buscarle alimentos”.

En Santiago de Cuba, los enfermos nefrológicos, enfrentan las mismas dificultades que los del resto del país, consideró la doctora Milagros González.

“Las máquinas están teniendo dificultad para los tratamientos, pero lo más importante es que no hay cómo trasladar esos enfermos para los establecimientos que brindan esa atención”.

En el Hospital General Docente Dr. Antonio Luaces Iraola, en Ciego de Ávila, los pacientes nefrológicos quedaron el lunes sin recibir el procedimiento tras la suspensión del servicio, por la falta de insumos y de combustible para su traslado.

De acuerdo con testimonios de familiares de los enfermos, desde hace más de tres semanas, no se hacen tratamientos a pacientes con insuficiencia renal, diabetes, hipertensión arterial, síndrome urémico y lesión renal aguda.

Según relatan, el personal médico había explicado que la interrupción estaba relacionada con una infección en la planta donde se atiende a los pacientes. Más adelante la versión cambió: el problema sería la inexistencia de recursos básicos para llevar a cabo las diálisis.

Algunas ciudades, como la capital tunera, habilitaron taxis para el traslado de los enfermos hasta los centros asistenciales de hemodiálisis, dos en cada vehículo, lo que incrementa el peligro de contagios e infecciones.

Desde años atrás, en el Hospital Arnaldo Milián Castro, de Santa Clara, los pacientes vienen advirtiendo de las condiciones peligrosas en las que están siendo atendidos: las máquinas funcionando sin bicarbonato, un componente esencial para mantener la estabilidad del paciente durante el procedimiento.

También, equipos funcionando con errores, fallas de mantenimiento y ausencia de los parámetros esenciales; negligencia del personal del servicio que, agotado, busca únicamente “terminar rápido” las sesiones, además del trato “deshumanizante” a los enfermos.

De igual modo, falta la desinfección adecuada, entre un paciente y otro, de los riñones artificiales, lo que incrementa el riesgo de contagio de Hepatitis y otras infecciones, han denunciado en redes sociales.

En Pinar del Río, 108 de 181 personas que padecen la pérdida progresiva de la función renal están siendo ingresados en centros cercanos, pero los pacientes se quejan de la necesidad de buscar agujas y otros insumos en el mercado negro, sumado al deterioro de las máquinas de diálisis.

El doctor Molina enfatizó: “Mi esposa y yo somos dos médicos y sabemos las complicaciones; si el paciente no se da hemodiálisis en una semana, fallece. Van a caer la gente como moscas, es un genocidio porque no tienes medicina, no tienes comida, no tienes luz”.

El enfermero manzanillero, Alexey López Sánchez, que emigró al Perú, resumió la situación: “Todo esto no viene de un solo día. La crisis se ha incrementado, pero eso vino por los años que tienen ellos de mala administración en el país, no es porque hayamos estado bloqueados”.



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