Los precios internacionales de fertilizantes y alimentos repuntaron en marzo, anticipando nuevas presiones sobre la inflación global y en México, particularmente en el sector agroalimentario, donde el encarecimiento de insumos comienza a trasladarse a la cadena productiva.
De acuerdo con el más reciente reporte Pink Sheet del Banco Mundial, el índice de fertilizantes registró un incremento mensual de 26.2 por ciento, uno de los más pronunciados entre todos los commodities, impulsado principalmente por la urea, que se disparó 53.7 por ciento. Este índice no subía a esos niveles desde 2022, cuando inició el conflicto Rusia-Ucrania.
En términos absolutos, el precio de la urea pasó de 472 a 725.6 dólares por tonelada entre febrero y marzo, su máximo desde abril de 2022, lo que podría impactar directamente los costos de producción agrícola en los próximos ciclos. Otros insumos también mostraron incrementos, por ejemplo, el fosfato diamónico (DAP) subió a 658.3 dólares por tonelada y el cloruro de potasio alcanzó 380.6 dólares.
Los fertilizantes son un insumo crítico para cultivos básicos, por lo que su encarecimiento suele trasladarse con rezago a los precios de alimentos, presionando la inflación.
En paralelo, el índice de alimentos avanzó 2.7 por ciento mensual, con incrementos en aceites vegetales y granos que comienzan a reflejar el impacto de mayores costos productivos. Entre los aumentos destacó el aceite de soya, que subió 15.6 por ciento mensual, al pasar de mil 282 a mil 482 dólares por tonelada, mientras que el aceite de palma kernel avanzó 12.2 por ciento, alcanzando los 2,574 dólares.
En granos, el trigo HRW registró un incremento de 7.1 por ciento, al subir de 257.6 a 275.9 dólares por tonelada, mientras que el maíz avanzó ligeramente a 212.7 dólares.
Aunque el foco del encarecimiento se concentra en fertilizantes y alimentos, el detonante principal proviene del mercado energético. El índice de energía del Banco Mundial se disparó 41.6 por ciento en marzo, impulsado por el gas natural en Europa (59.4 por ciento) y el petróleo Brent (45.8 por ciento), lo que elevó significativamente los costos de producción y transporte en toda la cadena de commodities.
El gas natural europeo pasó de 11.24 a 17.91 dólares por millón de BTUs, y el crudo Brent subió a 103.7 dólares por barril, niveles que no se observaban en meses recientes.
Dado que los fertilizantes nitrogenados dependen intensamente del gas natural como insumo, el encarecimiento energético explica en gran medida el salto observado en la urea.

Efectos locales
En México, el repunte de los fertilizantes ya comienza a reflejarse en los costos de producción y en los precios al consumidor, advirtió Álvaro López Ríos, dirigente de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA).
“El aumento de precios en fertilizantes, con alzas del 30 por ciento y más en insumos como urea y diésel, impacta al costo de producción agrícola, por lo que el precio final de alimentos básicos…, está fuera de control”, afirmó.
Advirtió que este encarecimiento ya tiene efectos visibles en productos de consumo cotidiano. El tomate verde, por ejemplo, aumentó casi 97 por ciento, al pasar de 28 a 60 pesos por kilogramo.
Este comportamiento, explicó López Ríos, evidencia la vulnerabilidad estructural del campo mexicano ante choques externos.
“El aumento en los precios de los fertilizantes y otros insumos agrícolas está generando una presión al alza en los costos de producción en los próximos meses…, lo que inevitablemente impactará en el precio final al consumidor”, subrayó.
Juan Carlos Anaya, director general del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), advirtió que el aumento de precios ejercerá presión directa sobre el programa Fertilizantes para el Bienestar.
Entre los principales riesgos, destacó una mayor presión presupuestal, ya que con los mismos recursos se adquirirá un menor volumen de insumos, así como una posible reducción en la cobertura o en la cantidad entregada por productor.
Bajo este contexto, advirtió que el mercado de fertilizantes enfrenta un choque global de carácter estructural, exacerbado por tensiones geopolíticas, lo que anticipa una menor rentabilidad agrícola y un traslado de costos hacia los alimentos. El encarecimiento de estos insumos, concluyó, se perfila como un factor determinante no sólo para la inflación, sino para la seguridad alimentaria y la estabilidad del campo mexicano en los próximos meses.
