La directora, productora y guionista de cine independiente, Gabriela Sandoval, es plenamente consiente de que su nombre muchas veces va acompañado de una descripción: ‘polémica’.
Con el tiempo ha aprendido a abrazar ese calificativo y encontrar a su público. “Trato de enfocarme en el resultado y disfrutar el proceso”, asegura.
Sandoval, que se hizo famosa por dirigir Ok, está bien en 2020, presentará este 17 de febrero su segundo largomentraje Una pregunta ridículamente fácil, con el que se sumerge de lleno en un género que el mundo del cine parece menospreciar cada vez más, pero que ella defiende con convicción: la comedia.
La película presenta la vida de Andrea (protagonizada por Ana González Bello), una dentista que se enamora de su paciente Miguel, un hombre poco atractivo (Tío Rober) que decide conquistarla. Tras casarse, una inesperada depresión de Miguel detona situaciones tan absurdas como reveladoras.

“Siempre se apoya al mismo cine”
“Hablar de la salud mental, de los trastornos, de las relaciones de pareja desde la comedia es un buen termómetro para medir cómo es la libertad en una sociedad, de qué tanto se pueden reír. Se puede ver mucho de la idiosincrasia de cada país”, dice la directora mexicana para El Financiero.
Lo hizo con Ok, esta bien, nominada al Ariel a Mejor Ópera Prima, donde explora las complejidades del deseo y pertenencia a través de la comedia.
Con aquella delicada historia, escrita por el comediante Roberto Andrade Tío Rober, Sandoval conquistó a la crítica y al público.
“Siempre apoyamos las mismas películas y nadie se arriesga. Siempre es lo políticamente correcto, lo que se supone que se debe premiar”, señala.
Hay una cosa clara, y es que Sandoval no está interesada en encajar en las etiquetas que impone el mercado.
“Muchos colegas escriben cosas para ganarse los fondos (financiamiento económico) y no porque realmente sea la historia que quieren contar, lo que les mueve”, expresa.
Cine independiente se abre espacio en el mercado
Gabriela aprendió a financiar sus proyectos de manera independiente con los premios de sus guiones. “Si esperamos los fondos estatales para poder levantar un proyecto, nunca haríamos una película”, advierte.
Sandoval reconoce que Una pregunta ridículamente fácil fue filmada con un bajo presupuesto. “Si bien, se le pagó a la gente que colaboró, no fue como el mismo tabulador que se maneja en películas más industriales”.
Al final, y una parte importante, son los vínculos que la directora ha hecho con el elenco y que se ven reflejados en la cinta. “Es una película muy divertida, con muchas capas para comentar”.
