T-MEC: ¿Qué sigue? (I)



Nos encontramos a un mes del 1 de julio, fecha en la que, al menos, habrá una reunión de ministros de economía y comercio de los tres países miembros del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) para llevar a cabo la “primera revisión conjunta” de dicho tratado. Después de múltiples conversaciones con personal de la Secretaría de Economía en México y de la Embajada de México en los Estados Unidos, así como del Departamento del Tesoro, Secretaría de Comercio y Representante de Comercio (USTR) de los Estados Unidos, no queda claro si en esa fecha tiene que haber algún acuerdo sobre lo que ya se revisó, lo que se va a revisar, lo que se va a decidir hacer hacia delante o será una fecha más sin ninguna noticia realmente relevante. La semana pasada fluyó un poco más información sobre este proceso. El USTR publicó un comunicado anunciando tres rondas de negociaciones con el gobierno mexicano. Una ya se llevó a cabo la semana pasada en la Ciudad de México, el jueves y viernes. Una segunda ronda en Washington, D.C. a mediados de junio (16 y 17 de junio) y una tercera ronda en la Ciudad de México en la semana del 20 de julio.

Lo que queda claro desde el punto de vista macroeconómico, es que llevamos 14 meses de incertidumbre sobre el T-MEC, incluyendo la imposición de aranceles y entre otras cosas, la inversión en México –sobre todo en el sector manufacturero directamente relacionado con el tratado–, continúa siendo muy baja. No estoy contraviniendo los datos de Inversión Extranjera Directa (IED) que publicó la Secretaría de Economía la semana pasada. Primero que nada, porque hay inversión de empresas extranjeras ya establecidas en el país para poder continuar con sus planes de producción. Las automotrices, por ejemplo, a pesar de que la evidencia anecdótica nos dice que no están iniciando nuevos proyectos de inversión hasta que sepan cómo va a quedar el T-MEC después de la revisión, de todas maneras tienen que llevar a cabo inversiones para hacer los cambios de modelo, cubrir depreciación de sus plantas y en algunos casos, inclusive, reconvertir líneas de producción de vehículos, motores y autopartes de combustión interna a eléctricos.

Por otro lado, hay que tomar en cuenta que la forma de invertir en México cambió. La mayoría de las empresas ya no quieren construir sus fábricas desde cero cuando inician o mudan operaciones a otro país. Prefieren establecerse en un lugar que les brinda seguridad, conectividad e infraestructura, particularmente electricidad y agua. Quienes ofrecen este tipo de instalaciones son los parques industriales. De hecho, empresas especializadas tanto en la construcción, como en el manejo y administración de parque industriales llevaron a cabo inversiones importantes en 2022, 2023 y parte de 2024 en lo que llamo “la primera ola de Nearshoring” (“‘Nearshoring’ en México, una realidad”, 29 de noviembre, 2022 y “‘Nearshoring’: ¿Mito o realidad?”, 21 de mayo, 2024). Sin embargo, para ligar esto con la IED, la mayoría de estas empresas están establecidas localmente, por lo que sus inversiones no se registran como inversión extranjera. Es nacional y provoca después IED porque las empresas que rentan estos parques industriales normalmente traen sus máquinas, que entran como importaciones de bienes de capital y se registran en como inversión extranjera directa. Sin embargo, las empresas ya no invierten en terreno, instalaciones, permisos y eso modifica la visión sobre cuánto puede crecer la IED. Más que pensar en que esto es negativo, considero en que hay que pensar en que sí vaya a generar crecimiento, en los datos de inversión que el INEGI llama “formación bruta de capital fijo”. En 2023, por ejemplo, en este boom de construcción de parques industriales se observó un incremento de la inversión en construcción no residencial de parte del sector privado por arriba de la tendencia pre-pandemia de poco más de diez mil millones de dólares, que en mi opinión, pudo haberse sumado a la IED en el modelo de inversión anterior.

Pero no he contestado la pregunta sobre ¿Qué sigue en esta revisión del T-MEC? Considero que hay cinco escenarios: (1) Continuar con el T-MEC como se concibió en la administración Trump 1.0, con ligeras modificaciones; (2) continuar con el T-MEC con modificaciones relevantes, inclusive cambiándole el nombre; (3) transitar a una etapa de revisiones anuales; (4) continuar con el T-MEC como está, con los aranceles que se han impuesto después (statu quo); y (5) terminación del T-MEC, sin otro tratado que lo reemplace. Considero que los escenarios (1) y (5) tienen una muy baja probabilidad de ocurrencia salvo que el presidente Trump quisiera mencionar en sus redes sociales que EU se sale del tratado, de manera breve y con fines de ganar poder de negociación, mientras que el escenario (2) es el que podría tener más sentido para fortalecer las reglas de origen, reforzar temas de seguridad y migración –que sabemos que son prioridad del gobierno estadounidense con respecto a su relación con México–, y terminar con algunos aranceles, mayores que los pre-2025, pero menores que los actuales. Desafortunadamente en los círculos políticos, empresariales y diplomáticos se escucha que no hay intención de llevar a cabo el proceso legislativo de hacer los cambios del T-MEC en el congreso americano, máxime en vísperas de las elecciones primarias en noviembre. De esta manera, los escenarios que terminan teniendo mayor probabilidad son el (3) y el (4), que quedan muy lejos de un buen equilibrio. Ojalá y se termine materializando los escenarios (1) o (2), pero juzgando por los propios comentarios del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, considero que el (3) se ve mucho más factible. La semana que entra continuaré elaborando sobre este tema.



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