
Lo que los mercados experimentan en estas primeras semanas de febrero de 2026 no es un episodio aislado de nerviosismo ni una corrección técnica pasajera: es el síntoma de una reconfiguración profunda de expectativas sobre política monetaria, gasto tecnológico y flujos globales de capital.
Bolsas, metales preciosos, criptoactivos y divisas se mueven con una intensidad y sincronía que delatan un cambio de régimen en la forma en que los inversores evalúan el riesgo. Entender las causas de ese cambio resulta indispensable para separar las oportunidades del ruido.
El detonante principal ha sido el giro en la narrativa sobre inteligencia artificial.
Hasta finales de 2025, el mercado premiaba cada dólar invertido en IA. El punto de inflexión llegó con los reportes de resultados: Alphabet (Google) proyectó realizar inversiones de hasta 185 mil millones de dólares para 2026, lo que implicará enormes desembolsos; AMD perdió 17 % en una sesión tras una guía trimestral débil. Amazon perdió 9% el pasado 5 de febrero, solo por citar algunos casos.
La cadena causal es directa: las expectativas de gasto elevado erosionan la expectativa de márgenes de utilidad y los analistas revisan múltiplos a la baja y la venta se desata a través de ETFs (fondos de inversión).
Por ejemplo, el iShares Expanded Tech-Software (IGV) que maneja alrededor de 10 mil millones de dólares acumula una caída de 24 % en el año. El contagio alcanzó a Asia y Europa, donde las bolsas reflejaron un desplazamiento de las inversiones hacia acciones y sectores defensivos.
Las cifras de Wall Street confirman la magnitud del ajuste, el índice Nasdaq Composite cayó 5.5% entre el 28 de enero y el 5 de febrero, arrastrado por las llamadas ‘Magnificent Seven’ (Microsoft, Meta, Apple y Nvidia acumulan retrocesos de entre 3 % y 8 % en el año).
En los metales preciosos, el 31 de enero el oro se hundió 12 % —su peor jornada individual desde los años ochenta— cayendo de un máximo histórico cercano a 5 595 dólares por onza hasta 4 714. La plata sufrió un derrumbe de 31 %, también la mayor caída diaria desde 1980, al pasar de más de 121 dólares a 78 por onza.
El catalizador inmediato para estos ajustes fue la nominación de Kevin Warsh como próximo presidente de la Fed, percibida como señal que fortaleció al dólar y desató liquidaciones forzadas de posiciones apalancadas.
Los rebotes posteriores han sido frágiles, sujetos a ajustes de margen y movimientos que pueden revertirse con rapidez.
El mercado cripto vivió su peor episodio de los últimos meses. El bitcoin perdió cerca de la mitad de su valor respecto al máximo de octubre —cuando superó los 126 mil dólares— y el 5 de febrero cayó más de 10 % en 24 horas. Mientras el oro, a pesar de las caídas recientes sube 11 % en 2026, el bitcoin retrocede más de 26 %: esta divergencia evidencia que el argumento del que es “oro digital” ha perdido tracción entre los inversores institucionales.
A la revaluación tecnológica se suman fricciones macroeconómicas que amplifican la inestabilidad: el mercado laboral en EU apenas creó 22 mil empleos privados en enero según ADP, frente a los 45 mil esperados; expectativas divergentes de política monetaria entre la Fed, el BCE y el Banco de Japón; y riesgos geopolíticos —Groenlandia, Venezuela, Irán, aranceles contra aliados de la OTAN— que encarecen la cobertura y reducen la liquidez.
El escenario más probable para los próximos meses es el de volatilidad elevada.
Tres indicadores merecen vigilancia prioritaria: el informe de empleo del que se dará el miércoles 11 de febrero, las señales que dé Warsh sobre la futura normalización del balance de la Fed, y otros reportes que puedan revelar si en el futuro próximo el gigantesco gasto en IA comienza a traducirse en ingresos.
Los años de elecciones intermedias en Estados Unidos han producido históricamente correcciones promedio de 18 % en el S&P 500, con una probabilidad superior al 70 %.
Y nuestra moneda, pese a todo, sigue ganando terreno al dólar. En lo que va del año tiene una ganancia de 4.1% contra el dólar y si esa trayectoria sigue no se extrañe ver cotizaciones por debajo de 17 pesos en los próximos meses.
Apostar por una recuperación lineal de los mercados sería imprudente. La volatilidad que vemos es la expresión de un mercado que se está reestructurando ante los impactos del alto costo de la innovación tecnológica, el rumbo monetario que no está claro y los riesgos creados por la incertidumbre geopolítica.
Hasta que esos tres factores encuentren un nuevo punto de equilibrio, la volatilidad será la norma y no la excepción.
Así, que si no quiere correr riesgos, apunte más bien hacia activos defensivos como acciones de sectores tradicionales o al mercado de bonos.
