
En un intento por controlar el creciente descontento social y la represión a menores, una plataforma oficialista cubana ha difundido imágenes del adolescente Jonathan David Muir Burgos tocando un piano dentro de la prisión de máxima seguridad Canaleta, en Ciego de Ávila.
La maniobra propagandística busca contrarrestar las denuncias de su familia sobre el grave deterioro físico del joven, preso por protestar en marzo pasado.
“Cada minuto que pasa, no solo tenemos la gravedad del caso debido a los padecimientos de salud de Jonathan para los cuales no está recibiendo el tratamiento adecuado, sino que además es una escalada constante de violencia del régimen cubano contra el menor y contra su familia”, dijo a Martí Noticias, Yunier Suárez, subdirector de represión del Centro de Denuncias Defensa CD.
La foto, publicada por “Razones de Cuba”, muestra a Jonathan sonriendo frente a un teclado, una escena que el oficialismo presenta como prueba de bienestar. Sin embargo, el propio relato oficial entra en contradicción al reconocer la necesidad de tratamiento médico para el menor, aunque atribuyendo la inquietud sobre su estado a una “campaña de desinformación”.
El régimen pretendía enviar “un mensaje claro de burla y de chantaje emocional a la familia. Esto, utilizando a un menor de edad, a un adolescente de apenas 16 años, encarcelado injustamente, utilizando su imagen para publicarla y además para hacerle enviar un mensaje lamentable y terrible a la familia”, enfatizó Suárez.
Lejos de disipar la preocupación, la foto encendió más alarmas. La comunidad percibe el uso del menor enfermo en una actividad cultural como una táctica por ocultar la precaria situación real dentro del establecimiento penitenciario.
El padre de Jonathan, el pastor Elier Muir, ha descrito un escenario de terror, denunciando que su hijo “está desnutrido, cada día baja más y más”.
Estas afirmaciones de Elier Muir no tienen discusión coherente frente a una realidad insoslayable: la escasa comida a la que acceden los reos, las infecciones y otras enfermedades que proliferan entre ellos.
Encarcelado por participar en las protestas del 13 de marzo en Morón, motivadas por apagones de más de 26 horas y hambre, el muchacho enfrenta cargos de “sabotaje”, una figura legal severa utilizada por el régimen.
El drama familiar alcanzó su punto álgido con una desgarradora llamada telefónica a la 1:45 a.m. del 23 de abril, en la que el adolescente suplicó entre lágrimas: “Papá, por favor, sácame de aquí, papá, ya no resisto más”.
“Razones de Cuba se hace eco del crimen horrendo que cometen con un joven que no es un vándalo, que no es un delincuente, que no es una persona de mala conducta social. Lo refleja la comunidad entera donde vivimos, que sí tienen la mejor opinión de nuestro hijo, que, si la prensa autorizada en Cuba pudiera hacernos entrevistas, tenemos muchas personas capaces de expresarse a favor de Jonathan”, señaló Muir, en conversación con nuestra redacción.
“Lo denigran, lo están satanizando, le están creando un perfil como un delincuente, como un criminal para encausarlo, para incriminarlo, no solamente al niño, a mí también como pastor y como padre. Así de esa manera sucia es como se opera aquí, esa es la justicia de aquí”, recalcó.
Ante la gravedad de los hechos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas cautelares en favor del menor, al considerar que sus derechos a la vida, integridad personal y salud están en alto riesgo. El organismo internacional exigió protección al régimen cubano, el cual no respondió al requerimiento previo enviado el pasado 10 de abril.
