Las autoridades policiales advirtieron al trabajador por cuenta propia Didie Gutiérrez Ledesma, que se abstuviera de tocar cazuelas y se dedicara a atender su negocio privado porque podría perderlo.
La velada amenaza ocurrió luego de que el cuentapropista protagonizara, el martes, un cacerolazo en las afueras de su vivienda situada en el barrio Siboney del municipio habanero Playa, razón por la que fue citado al sector de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR).
“Me dijeron que lo que yo había hecho no lo podía volver a hacer, que yo no era un héroe, que yo era un cabecilla, que yo fui el que incité a los vecinos, que se me podía acusar de incitación a delinquir, de asociación para delinquir y de alteración del orden público”, relató.
“Les contesté que yo, simple y llanamente estaba comunicando mi inconformidad con el sistema, pero ellos dicen que no puedo hacerlo más en la calle o me van a detener”.
El ambiente se tornó hostil cuando la autoridad intentó disuadir al interrogado, sugiriéndole de manera intimidatoria que se limitara a sus actividades comerciales habituales y evitara inmiscuirse en temas delicados o cuestionar la situación, marcando así un momento de abierta coacción durante el diálogo.
“Yo le contesté que Carlos Manuel de Céspedes era un tipo rico, dueño de un ingenio, de un lote de esclavos y se metió en una causa y lo entregó todo por la Patria y que yo estaba dispuesto a hacer lo mismo”, señaló Gutiérrez propietario de un bar cafetería, montado en el patio de su vivienda.
Concluido el interrogatorio, los agentes policiales trataron de hacerle firmar una carta de advertencia a Gutiérrez, quien se negó rotundamente a firmarla.
“Me dijeron que me podía ir, pero que si volvía a hacer algo en la vía pública me iban a detener”.
La historia de Didie, un emprendedor que lucha por mantener a flote su bar-cafetería en el exclusivo reparto Siboney es un testimonio de resiliencia diaria.
En un escenario marcado por la escasez de suministros y los constantes apagones eléctricos, sacar el negocio adelante requiere creatividad infinita, reinventando recetas y buscando mercancías en el mercado informal para no cerrar sus puertas.
Cuando el servicio eléctrico falla, Carlos tiene que cerrar su emprendimiento porque hasta ahora no ha podido instalar recursos para sustituir la corriente del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) debido a sus altos costos.
A pesar de los desafíos, sus ofertas han logrado ganarse la preferencia de vecinos, quienes aprecian el ambiente acogedor y el esfuerzo inquebrantable de su promotor por ofrecer un servicio de calidad.
Mantener el espacio operativo le permite no solo sostener a su familia, sino que su cafetería es un proyecto privado que representa un ancla de esperanza y un símbolo de superación personal que desafía las adversidades cotidianas del entorno habanero.
“Yo no me meto con nadie, ayudo a todo el mundo. No creo que los vecinos tengan una queja de mí, pero si no me puedo conformar con la vida que estoy viviendo ni con la que está llevando mi pueblo, que, hasta los que fueron mis maestros en la escuela, los veo a veces comiendo de la basura”, puntualizó Gutiérrez.