Banxico pisa el acelerador en terreno resbaladizo – El Financiero



La decisión de Banco de México de recortar la tasa de interés en su más reciente reunión de política monetaria ha generado un intenso debate entre analistas y participantes del mercado. En un entorno marcado por presiones inflacionarias persistentes y crecientes riesgos externos, el movimiento ha sido percibido por muchos como prematuro e incluso riesgoso.

De acuerdo con la minuta de la reunión, la mayoría de los miembros de la Junta de Gobierno optó por reducir la tasa con el argumento de que el proceso de desinflación, aunque gradual, continúa avanzando. Sin embargo, el balance de riesgos para la inflación se mantiene sesgado al alza. Factores como el repunte en los precios de energéticos —impulsado por el conflicto en Medio Oriente—, así como presiones en algunos componentes subyacentes, sugieren que la trayectoria descendente de la inflación podría enfrentar obstáculos en los próximos meses.

Un elemento clave para entender la controversia es el comportamiento reciente de la inflación. Tras cerrar 2025 en 3.69%, reflejando señales de resistencia —particularmente en la inflación subyacente, que terminó el año en 4.33% y abandonó su trayectoria a la baja desde diciembre de 2024—, Banxico optó por hacer una pausa en enero de 2026 como medida de cautela.

No obstante, los datos más recientes han complicado aún más el panorama. La inflación general de la primera quincena de marzo fue de 4.63% y la subyacente de 4.46%, con lo que evidentemente ambas se encuentran por encima de los niveles que tenían en diciembre, que detonaron la pausa de enero. Esto debido a un repunte del componente no subyacente —especialmente energéticos y algunos productos agropecuarios— y presiones en los rubros de servicios y mercancías, lo que sugiere una inercia inflacionaria todavía elevada.

A diferencia del cierre de 2025, cuando se anticipaba una convergencia más ordenada hacia el objetivo del banco central, el inicio de 2026 ha estado marcado por una mayor volatilidad en los precios y por la materialización de riesgos externos. El reciente aumento en los precios del petróleo y los efectos indirectos sobre costos de transporte y producción han comenzado a filtrarse en la inflación, complicando el proceso desinflacionario actual y futuro.

En este contexto, el recorte de tasas luce más controversial, ya que se da en un momento en que la inflación no solo no ha convergido plenamente, sino que enfrenta nuevos factores de presión al alza.

Desde la óptica del mercado, la decisión envía señales mixtas. Por un lado, podría interpretarse como un intento de apoyar la actividad económica, que ha mostrado signos de desaceleración. Por otro, introduce dudas sobre el compromiso del banco central con la convergencia sostenida de la inflación hacia su objetivo. En este sentido, el riesgo es que un relajamiento prematuro de las condiciones monetarias termine por revertir parte de los avances logrados en materia inflacionaria.

Además, el entorno geopolítico añade una capa adicional de incertidumbre. El aumento en los precios del petróleo y las disrupciones en cadenas de suministro globales elevan la probabilidad de choques inflacionarios adicionales. En este escenario, la continuidad del relajamiento monetario podría amplificar estos efectos, complicando la labor futura del banco central.

Otro elemento relevante es la percepción de credibilidad. La política monetaria no solo actúa a través de las tasas de interés, sino también mediante las expectativas. Si los agentes económicos perciben que el banco central está dispuesto a tolerar mayores niveles de inflación, esto puede reflejarse en ajustes de precios y salarios, dificultando aún más el proceso de desinflación.

En este contexto, la comunicación de Banxico será tan importante como sus decisiones. La claridad en su guía prospectiva, la consistencia de sus mensajes y la disposición a ajustar el rumbo en caso necesario serán determinantes para sostener la confianza de los mercados. En un entorno donde los riesgos inflacionarios siguen latentes y la volatilidad externa va en aumento, cada movimiento del banco central será observado con lupa.

El recorte de tasas de marzo plantea una disyuntiva compleja. Si bien responde a la intención de equilibrar el crecimiento económico e inflación, también expone a la economía mexicana a mayores riesgos en un entorno global adverso. La clave estará en la capacidad de Banxico para reaccionar oportunamente ante nuevos choques y mantener ancladas las expectativas inflacionarias. En un momento de alta incertidumbre, la prudencia podría haber sido la mejor estrategia.



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